...No puedo recordar aun cuantos inviernos me la pase esperando... tan dura y fría como una roca, sin temor al dolor, mis ganas se habían casi opacado por completo, fastidiada de la rutina, de los días soleados, deseando a que la tarde cayera, mirar la luna, sentada bajo los escombros del silencio... solo podía respirar lo amargo del pasar de los días y nada más hacia que tuviera fe.
Pensé que nada seguiría para mi... que todo había terminado, mi bandera negra y gris me anunciaban en cada uno de mis pasos... (como si me hubiera gustado me que notaran...) Traté de rendirme una y otra vez, y no me dejaba, solo me acorralaban las ideas absurdas de huir lejos y no volver... no volví a ser la misma, ya no.
Pasaron días que se convirtieron en meses y a su vez en largos años... Resignada y ganando fuerza tuve una opción de continuar, de renovarme, de pasar de largo los recuerdos y aferrarme al olvido, y me volví egoísta, tan solo era yo, no cabía nadie más.
Me enfrasque en una compleja realidad, donde todo tenia que mejorar, nada de tropiezos y mucho menos fracasos, no podía permitirme si quiera un maldito error, y todo parecía tan exacto, tan perfecto... podía "sentirme" feliz, aunque solo fuera por inercia...
Fue entonces cuando apareciste, un completo extraño, lleno de cosas que no entendía y que por un buen rato no quería comprender... me volvía loca con el hecho de imaginarme de nuevo por el sendero del estúpido sentimentalismo... ya era demasiado tener que lidiar todos los días con parejitas en cada esquina comiéndose a besos... y eso ya no cabía dentro de mi mente y mucho menos dentro de mi corazón... eso ya había pasado para mi.
Pensé que mis rechazos serían suficientes para evitar que las dudas de saber si podía confiar en ti servirían... que ingenua fui... y así, sin sospechar, abrí paso hacia mi alma para que por fin entraras... No pude más que cerrar los ojos y deje que el corazón decidiera... y pasó. No pude resistirme más, tan solo deje que me amaras, con pasión, con locura, con tu entrega e infinita dulzura... lograste que te amara, tanto ó más que nadie en este mundo.
Hoy por fin me encuentro en suelo firme, lleno de todo lo que un día soñé para mi, inexplicablemente como lo imaginé. Puedo creer y confiar, luchar y vencer pero siempre, siempre junto a ti.
No fue un golpe de buena suerte, ni un cruce de destinos... fue tu presencia y tu luz las que hicieron que volviera, tal y como se vuelve de un golpe de frenesí.
Aseguro que soy la mujer que debo ser...la que quiero ser... la que hoy acepta desde su utopía compartir su corta vida contigo.
Sé que así será, completamente real... y será perfecto.
Te amo.


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